14 de diciembre de 2021

Buscando la verdadera historia de los tres cerditos

Procesos de legitimación de tecnologías informales locales vs patentes industriales globales. La Historia no es una ciencia exacta, eso lo sabemos todos. Es más bien un fluido complejo y dinámico que debemos estudiar críticamente y en profundidad. La Historia (con mayúsculas) está construida de muchas historias (con minúsculas), de muchos relatos y testimonios. Normalmente se […]
Procesos de legitimación de tecnologías informales locales vs patentes industriales globales. La Historia no es una ciencia exacta, eso lo sabemos todos. Es más bien un fluido complejo y dinámico que debemos estudiar críticamente y en profundidad. La Historia (con mayúsculas) está construida de muchas historias (con minúsculas), de muchos relatos y testimonios. Normalmente se simplifica para ser enseñada, obviando matices y posturas periféricas, lo que la hace completamente parcial. Hasta hoy, en la historia se prima el dato a la actitud y así nos va. Dicen que la historia la escriben los vencedores y eso evidentemente la transforma, hace que solo conozcamos un punto de vista, una versión de los hechos. Esto no pasa solo con las grandes guerras y los cambios de era, también sucede en las fábulas y relatos aparentemente más insignificantes. El poderoso, históricamente es el que ha poseído la verdad, aunque si miramos un poco profundamente,  parece que esta situación está cambiando, porque ya no es solo el poderoso el que hace circular las cosas, y como dice Bruno Latour “la verdad es lo que circula”. Hace no mucho tiempo, llegó a nuestras manos un relato aparentemente insignificante, apuntes históricos desatendidos que habían  perdido toda relevancia debido al poder mediático de la “historia oficial”. Pistas que estudiadas con detenimiento, transformaban completamente el punto de vista de una de las historias más leídas de todos los tiempos, “Los tres cerditos”. Si hacemos caso a este relato informal, muchas de las cosas que pensábamos ciertas en la fábula universal, realmente nunca ocurrieron. En esta versión apócrifa de los hechos, el lobo no aparece por ningún lado y los tres cerditos por supuesto no eran tres, sino muchos más. Las casas de paja y madera eran fabulosos artefactos construidos con inteligencia y precisión. Arquitecturas adaptadas a lo local, que estudiaban perfectamente las mejores condiciones para conseguir los más óptimos niveles de confort utilizando el mínimo consumo de energía. Construcciones progresivas que permitían ser evolucionadas en función de las transformaciones familiares o de los nuevos descubrimientos tecnológicos. Viviendas de palma y madera que no tenían ningún miedo al entorno natural, sino que lo respetaban y aprovechaban para mejorar sus condiciones de temperatura y ventilación. Tipologías que aprendían del saber popular que se modificaba cada vez que la inteligencia colectiva de los vecinos introducía mejoras contrastadas. Inteligencias que se adaptaban perfectamente a lo local, con actitudes que podían replicarse críticamente en la escala global. Si seguimos leyendo, en esta nueva versión de los hechos, se narra la llegada de fantásticas tecnologías de reinos lejanos. Exploradores occidentales enseñaron a los habitantes autóctonos productos nunca vistos, duros y herméticos de elaborada fabricación, cementos, ladrillos y chapas metálicas. Al principio, los habitantes de la zona, empezaron a utilizarlos para complementar sus casas tradicionales y sus tecnologías ligeras. Eran perfectos para implementar algunas partes consiguiendo mejores rendimientos, un agregado ideal para seguir evolucionando sus viviendas. Pero los exploradores occidentales cegados con la idea de mejorar su negocio, iniciaron planes de marketing y campañas publicitarias para vender mucho más producto. Rebajaron los precios, optimizaron los procesos para que fuera mucho más rápido construir con estos elementos y monopolizaron la educación constructiva hasta que las viejas técnicas quedaron casi en el olvido. Inventaron la falsa historia que relacionaba las construcciones de paja y madera con los habitantes vagos, y las viviendas de bloque de hormigón y cubierta metálica con los habitantes prósperos mucho más cercanos a la cultura occidental. Menospreciaron los saberes populares y las tipologías vivas tradicionales hasta que parecieron ridículas soluciones para gente sin recursos. Tuvieron éxito, y los habitantes del lugar empezaron a hacerse casas compactas y sólidas, que se protegían de la intemperie y de la naturaleza. Cubos ideales que copiaban tipologías de otras partes del mundo sin apenas revisión crítica ni posibilidad de evolución. Casas hechas para otras condiciones y formas de vida que miraban referentes mal adaptados. Hay pocas alusiones en el relato al lugar exacto donde todo esto ocurrió, la Troya de “los tres cerditos” no ha sido descubierta aun, pero las descripciones de los paisajes, del clima y los apuntes referenciales sobre accidentes topográficos así como la cercanía al mar y a la montaña, pueden situarla en unos pocos puntos del planeta. Uno de estos lugares podría ser la costa caribeña de Colombia, cerca de la Sierra Nevada. Un pequeño pueblo que se llama Palomino.